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Mostrando entradas con la etiqueta LLAMAZARES Julio. Mostrar todas las entradas
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sábado, 24 de marzo de 2018

Hay lugares que pesan como la culpa.

Julio Llamazares: Distintas formas de mirar el agua

sábado, 17 de marzo de 2018

Lo siniestro y lo bello se necesitan para vivir, pero lo siniestro debe permanecer oculto.

Julio Llamazares: Distintas formas de mirar el agua

domingo, 13 de agosto de 2017

CUADERNO DEL DOMINGO

Cae la tarde en Puerto Lápice. (...) Es domingo y frente a la plaza, en la carretera, varias personas esperan el autobús de Madrid, que está a punto de llegar. Por las ganas, yo me iría también, pero no he hecho más que empezar mi viaje, un viaje que me llevará por medio país y que, como don Quijote, haré de tres veces, y mientras la noche llega salgo del pueblo y subo a los tres molinos que desde una colina dominan el antiuo puerto y, a un lado y a otro de él, la ondulada tierra de Toledo y la llanura inmensa de la Mancha, por la que caminaré mañana.

Julio Llamazares: El viaje de Don Quijote

domingo, 13 de noviembre de 2016

CUADERNO DEL DOMINGO

Al otro lado de la plaza hay luz. Una bombilla desmayada recorta ante nosotros el cuadro de una ventana. Es la cantina del Zurdo, la tienda de Pontedo. Gildo y yo la recordamos bien: la entrada flanqueada por la parra silvestre bajo la que se sentaban, las tardes de domingo, con sus mandiles de moras y sus miradas lejanas, las muchachas del pueblo: el mostrador de hule gris y desgastado: la vieja estantería de madera repleta de botellas y latas de conserva y paquetes de legumbre: la bombilla colgada como un fruto irreal de una viga del techo.
La cantina del Zurdo, la tienda de Pontedo. Gildo y yo irrumpimos en ella al mismo tiempo. Como llegados del fondo de la noche y del olvido.

Julio Llamazares: Luna de lobos

domingo, 30 de octubre de 2016

CUADERNO DEL DOMINGO

Yo fui el primero que lo vi [a Tango] muerto y el último, también, que lo vi todavía vivo antes de que se estrellara contra aquel árbol.
Fue un domingo de febrero, hacia las tres de la tarde. Lo sé porque había comido y estaba haciendo tiempo por la calle hasta la hora del cine, que ese día -me acuerdo aún y, sin embargo, qué extraño es todo, ya no recuerdo lo que hice ayer- anunciaba "Los Titanes", una película mitológica que a mí me gustó tanto que la vi hasta cuatro veces (a lo mejor es que nos la pusieron cuatro domingos seguidos, cosa que también pasaba). Yo estaba, me recuerdo aún, junto al bar de la Diabla, mirando la carretera, que a esa hora aparecía tan desierta como el resto de las calles. La gente estaba comiendo, salvo en mi casa, donde se hacía a la una, fuera lunes o domingo y pasara lo que pasara (mi padre tenía esa hora y él era el que mandaba), o, los más madrugadores, tomando café en los bares. De pronto, lo vi venir por el comercio del Negro pilotando aquella Guzzi que a mí tanto me gustaba. Todo sucedió muy rápido, en apenas unos segundos, que fue lo que tandó en cruzar delante de mí. Se acercó, pasó ante mí (no iba a mucha velocidad: había nieve en la calzada), siguió veinte o treinta metros y, de pronto, cuando estaba ya a punto de desaparecer del cuadro, salió despedido a un lado, como si fuera un cohete, y fue a parar contra un árbol.

Julio Llamazares: Escenas de cine mudo

domingo, 23 de octubre de 2016

CUADERNO DEL DOMINGO

[1963]
Al día siguiente, domingo, Martiniano estrenó la televisión. La noticia había corrido por el pueblo y, ya desde por la mañana, el bar estaba lleno de gente que quería ver el invento del que todos hablaban con entusiasmo, pero que muy pocos conocían. Yo apenas comí ese día. Estaba tan nervioso que ni siquiera fui al cine, como todos los domingos por las tarde, pese a que la televisión no empezaba hasta las siete. A las cinco, yo ya estaba en el bar de Martiniano (excepcionalmente, aquel día dejaron entrar a todos, incluidos los chavales) y esperaba impaciente, sentado en primera fila, el momento en que la televisión se pusiera en marcha.

Julio Llamazares: Escenas de cine mudo


domingo, 16 de octubre de 2016

CUADERNO DEL DOMINGO

Hay un recuerdo de aquel tiempo, sin embargo, que siempre me devuelve, inevitablemente, el reloj del British Bar. Es el de aquella noche de domingo de verano, quizá de 1962, en que, por primera vez en mi vida, sentí pasar el tiempo dentro de mi corazón.
(...)
Aquella noche, ya digo, fue la primera en mi vida en que sentí el paso del tiempo, y la impotencia y la angustia de no poderlo parar. Desde entonces, lo he sentido muchas veces (cada vez, por ejemplo, que escucho una canción de aquellos años y siempre que me voy de una ciudad), pero nunca como aquella noche de verano en la que descubrí que el tiempo corría y que se aceleraba más justo cuando uno lo quería detener.
Por eso, seguramente, es por lo que la recuerdo siempre que vuelvo a Lisboa y me siento en una mesa ante el viejo reloj del British Bar y por eso la recuerdo ahora de nuevo al contemplar esta foto que, como el reloj de Lisboa, también corre hacia atrás; mi hermana y yo delante de la pista de Martiniano, un día de verano de 1962, junto al cartel que anunciaba el baile de los domingos y en el que hay pintada una pareja que, como yo hubiera querido aquella noche, continuaba bailando desde aquel día y seguirá haciéndolo siempre mientras exista esta fotografía que detuvo el reloj del tiempo bajo sus pies.

Julio Llamazares: Escenas de cine mudo

miércoles, 29 de junio de 2016

Un corazón solo, en medio de la noche, es siempre una tormenta.

Julio Llamazares: Luna de lobos

martes, 28 de junio de 2016

Las fotografías, como los recuerdos, cuentan el mundo no como era, sino como fue una vez y, por lo tanto, como podía haber sido de muchas otras maneras.

Julio Llamazares: Escenas de cine mudo

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