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sábado, 13 de enero de 2018

jueves, 1 de junio de 2017

Life vest under your seat

Señores pasajeros buenas tardes
y Nueva York al fondo todavía,
delicadas las torres de Manhattan
con la luz sumergida en una muchacha triste,
buenas tardes señores pasajeros,
mantendremos en vuelo doce mil pies de altura,
altos como su cuerpo en el pasillo
de la Universidad, una pregunta,
podría repetirme el título del libro,
cumpliendo normas internacionales,
las cuatro ventanillas de emergencia,
pero habrá que cenar, tal vez alguna copa,
casi vivir sin vínculo y sin límites,
modos de ver la noche y estar en los cristales
del alba, regresando,
y muchas otras noches regresando
bajo edificios de temblor acuático,
a una velocidad de novecientos
kilómetros, te dije
que nunca resistí las despedidas,
al aeropuerto no,
prefiero tu recuerdo por mi casa,
apoyado en el piano del Bar Andalucía,
bajo el cielo violeta
de los amaneceres de Manhattan,
igual que dos desnudes en penumbra
con Nueva Cork al fondo, todavía
al aeropuerto no,
rogamos hagan uso
del cinturón, no fumen
hasta que despeguemos,
cuiden que estén derechos los respaldos,
me tienes que llamar, de sus asientos.


Luis García Montero

lunes, 15 de mayo de 2017

El despertar de un nómada

                    1

Un coche solo por la carretera.

Es el azul morado de los amaneceres
con un tiempo difícil.
Únicamente sombras todavía
los pinos en el monte
y en el aire la nieve silenciosa,
su huella de dolor amortiguado.

La noche se deshace
como papel de cartas en el agua de un río.

Canciones que se adaptan
al corazón, noticias en la radio,
carreteras cortadas
y el miedo que pregunta
a dónde regresar, cuál es la llama que se ha encendido para mí.

El coche solo por la carretera
en un instante pleno de belleza y de muerte,
mientras la nieve cubre las últimas miradas
y la luz se decide
a compartir su capa con mis ojos.

                       2

Es un desierto de cristales rotos
y está la luz de marzo sobre el coche
con la respiración de un animal dormido.

Yo amanezco de pronto,
no sé donde,
no conozco la historia que me trajo hasta aquí.

Un horizonte de pasiones tristes
dibuja débilmente su destino.
Al fondo tiembla el día
en la violeta humilde de los primeros barrios.

Poco a poco recuerdo situaciones,
palabras,
desafíos.

El sol, que lo ve todo, me comprende.

Y cuando el coche parte la mañana
con la respiración de un animal en celo,
tienen una sonrisa para mí
la luz de marzo,
los cristales rotos,
la humilda soledad del horizonte.

Luis García Monterto

miércoles, 1 de marzo de 2017

Mujeres

Mañana de suburbio
y el autobús se acerca a la parada.

Hace frío en la calle, suavemente,
casi de despertar en primavera,
de ciudad que no ha entrado
todavía en calor.
Desde mi asiento veo a las mujeres,
con los ojos de sueño y la ropa sin brillo,
en busca de su horario de trabajo.

Suben y van dejando al descubierto,
en los cristales de la marquesina,
un anuncio de cuerpos escogidos
y de ropa interior.
Las muchachas nos miran a los ojos
desde el reino perfecto de su fotografía,
sin horarios, sin prisa,
obscenas como un sueño bronceado.

Yo me bajo en la próxima, murmuras.
Me conmueve el recuerdo
de tu piel blanca y triste
y la hermandad humilde de tu noche,
la mano que dejaste
olvidada en mi mano,
al venir de la ducha,
hace sólo un momento,
mientras yo me negaba a levantarme.

Que tengas un buen día,
que la suerte te busque
en tu casa pequeña y ordenada,
que la vida te trate dignamente.

 Luis García Montero

miércoles, 15 de febrero de 2017

Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi,
cruzo la desmedida realidad
de febrero por verte,
el mundo transitorio que me ofrece
un asiento de atrás,
su refugiada bóveda de sueños,
luces intermitentes como conversaciones,
letreros encendidos en la brisa,
que no son el destino,
pero que están escritos encima de nosotros.

Ya sé que tus palabras no tendrán
ese tono lujoso, que los aires
inquietos de tu pelo
guardarán la nostalgia artificial
del sótano sin luz donde me esperas,
y que, por fin, mañana
al despertarte,
entre olvidos a medias y detalles
sacados de contexto,
tendrás piedad o miedo de ti misma,
vergüenza o dignidad, incertidumbre
y acaso el lujurioso malestar,
el golpe que nos dejan
las historias contadas una noche de insomnio.

Pero también sabemos que sería
peor y más costoso
llevárselas a casa, no esconder su cadáver
en el humo de un bar.

Yo vengo sin idiomas desde mi soledad,
y sin idiomas voy hacia la tuya.
No hay nada que decir,
                                      pero supongo
que hablaremos desnudos sobre esto,
algo después, quitándole importancia,
avivando los ritmos del pasado,
las cosas que están lejos
y que ya no nos duelen.

Luis García Montero

jueves, 12 de enero de 2017

Que tengas un buen día,
que la suerte te busque
en tu casa pequeña y ordenada,
que la vida te trate dignamente.

Luis García Montero, "Mujeres" (Habitaciones separadas, 1994)

lunes, 2 de mayo de 2016

La verdadera nostalgia, la más honda, no tiene que ver con el pasado, sino con el futuro. Yo siento con frecuencia la nostalgia del futuro, quiero decir, nostalgia de aquéllos días de fiesta, cuando todo merodeaba por delante y el futuro aún estaba en su sitio.

Luis García Montero

lunes, 18 de enero de 2016

sábado, 1 de agosto de 2015

Tal vez nos vamos de nosotros mismos, pero queda casi siempre una puerta mal cerrada

Cuando cierro la puerta de mi casa
suelen los escalones llenárseme de dudas.
Es posible, tal vez
la luz trabajadora del despacho
se ha quedado encendida,
no sé si corté el agua
y además me parece
que no le di dos vueltas a la llave.

Es como cuando salgo de alguna discusión
y el ascensor se cubre de verdades no dichas.
Van conmigo respuestas decisivas.
Más tarde siento miedo
de aquellos dos minutos de intemperie.
Yo levanté la voz, los demás se callaron
y se rompió la copa.

Es como cuando salgo de una fiesta
y me asalta el temor
de que alguien se haya molestado.
¿Me despedí de ella? ¿Debería
acordarme de él?
¿Entendieron la broma
y la doble intención de mis palabras?
¿Ha llegado a saberse
la pequeña mentira del viernes por la tarde?

Es como cuando salgo de mí mismo,
después de haber nadado entre dos aguas
incluso en la bañera.
Dejo la ropa sucia a los pies de la silla,
una cama deshecha,
los platos sin lavar,
toallas en el suelo, y en el cuarto de baño
un espejo con niebla
donde está todavía
el desnudo sin piel del impostor
que ahora sale a la calle,
y saluda a los otros,
y atiende a quien le llama por su nombre.

Todo es raro y difícil
como sentirse Luis, como vivir en el segundo
izquierda de la noche,
ser español o estar enamorado.

Tal vez nos vamos de nosotros mismos.
Pero queda una luz, un grifo abierto,
la sombra de una puerta mal cerrada.

Luis García Montero: "Un invierno propio", 2011

martes, 21 de julio de 2015

Tal vez nos vamos de nosotros mismos, pero queda casi siempre una puerta mal cerrada.

Luis García Montero

martes, 27 de enero de 2015

Tal vez nos vamos de nosotros mismos.
Pero queda una luz, un grifo abierto,
la sombra de una puerta mal cerrada.

Luis García Montero ("Tal vez nos vamos de nosotros mismos,
pero queda casi siempre una puerta mal cerrada")

domingo, 23 de noviembre de 2014

CUADERNO DEL DOMINGO

También es bello el sol de invierno en las mañanas de domingo.

Luis García Montero: "Tienda de muebles"

jueves, 16 de octubre de 2014

Una cosa es el futuro y otra el porvenir.

Luis García Montero: Mañana será lo que Dios quiera

jueves, 15 de mayo de 2014

Tienda de muebles

A Silvia y a Felipe

En la tienda de muebles
hay mil casas vacías. Los espejos,
la perfección pulida de las mesas
y de los canteranos,
el cristo de Dalí, las acuarelas,
los armarios, las camas, todo duerme
con la inquieta nostalgia de sus metros cuadrados.
Y campanada de reloj que saltan
sin nadie a quien llamar,
también quisieran
vivir en los horarios, ser mañana
una versión doméstica del tiempo.

Es mayo en el jardín. Una pareja
se vigila los labios con mirada de nácar,
merodea en las dudas que conducen
hasta el beso primero,
ese que por la noche se medita
y vuelve a repetirse, natural, encendido,
como un gesto mecánico.

Luego serán los meses estampas de almanaque,
decorados que corren a la cita.
En agosto provoca la distancia
cartas de buen amor. Pero septiembre,
cómplice de los árboles, propone
una sabiduría de plazas y jardines,
y la luz del otoño
es igual que un abrazo detenido,
tiembla confusamente,
como tiemblan las horas en la casa de Alberto,
no habrá nadie mañana,
tú ya sabes quién es,
mi mejor compañero de trabajo.

Verte desnuda
o comprender el hueco de tus manos,
no tengo miedo, amor, porque te quiero,
me gustas con las luces encendidas,
aún es pronto,
llámame cuando llegues,
voy a colgar, mi madre
necesita el teléfono.

La luna impertinente de los sábados
se apoya en la guantera del 127
y por los hombros cae
lenta como las luces serenadas
sobre la discoteca.
Pero también es bello el sol de invierno
en las mañanas de domingo.
Mis padres quieren conocerte,
hace ahora dos años que salimos,
yo puedo trabajar, tal vez nos llegue
con mi sueldo y la rosa de tus labios,
ayer encontré piso,
amor, verte desnuda
es comprender el hueco de mis manos,
balcones frente a un río, poco a poco
lo iremos amueblando, yo quisiera,
cuántas mensualidades,
envejecer contigo en esta casa,
en esta habitación, en este beso.

En la tienda de muebles
hay mil besos vacíos. Ayúdame a escoger,
mira la cama grande y abrazada,
el sofá de las tardes infinitas,
un armario que puede
doblar las estaciones y guardarlas,
de cuánto los recibos,
la mesa familiar, mira el espejo
que sabrá la estatura de los niños,
podemos firmar letras,
amor, es tu desnudo
lo que divide el mapa de las sábanas.
Seguir, envejecer, soñar la vida
en el tanto por ciento de un abrazo.

Será felicidad, memoria fuerte
los muebles de la casa,
hasta llegar al sueño más oculto de un hijo,
ese que funda el tiempo
y vuelve por las noches,
natural, encendido de huellas primitivas,
De valores eternos
que se compran a plazos
y tal vez con un poco de rebaja.

Luis García Montero: "Las flores del frío" (1991)

sábado, 5 de abril de 2014

amor, verte desnuda
es comprender el hueco de mis manos.

Luis García Montero: "Tienda de muebles" (1991)

viernes, 4 de abril de 2014

Me gustas con las luces encendidas.

Luis García Montero, "Tienda de muebles" (1991)

domingo, 4 de agosto de 2013

CUADERNO DEL DOMINGO

        DOMINGOS POR LA TARDE

    A veces las infancias escapan en sí mismas
    y corren por la lluvia como en fuera de juego
    sin oír las sirenas de los árbitros.
    Es verdad que son mares en un vaso de agua,
    pero hay olas que tienen esa espuma
    de las alineaciones,
    paraísos que aguardan los despachos
    del último minuto
    o días que amanecen
    con la tranquilidad de un tres a cero,
    de un cinco a cero en punto de la tarde.

    Por lo demás también hay labios
    en el extremo izquierda del domingo,
    lesiones en las dudas del mañana,
    pasados que regresan
    igual que una llamada de teléfono.
    -¿Y lo de ayer? Sonríe la memoria,
    cuando parece amiga del equipo contrario.

    Las verdades del área
    son rectas de dudosa geometría,
    como ardientes amores de ficción
    en manos de un penalti.
    Por eso saben mucho
    de la felicidad y la belleza.

    No conviene que demos a estas cosas
    un valor excesivo.
    Son noventa minutos en un vaso de agua.
    Pero a mí me han quitado muchas veces la sed.

Luis García Montero: "Vista cansada", 2008

miércoles, 1 de mayo de 2013

Se agradecen

Se agradecen aquí
ciertos breves descuidos del lenguaje
como adverbios de tiempo y lugar
que nos permiten coincidir ahora
en el oscuro reino de la vida.

Luis García Montero

domingo, 3 de marzo de 2013

CUADERNO DEL DOMINGO

Pronósticos en una mañana de domingo

A veces es posible fiarse de un testigo
y de la comprobada memoria de las cosas.
Esta lámpara húmeda,
este galán metálico que ofrece
igual que un mayordomo su elegancia,
este espejo sumiso que intenta refugiarnos
en un mundo de sombras submarinas,
el desnudo del cuadro,
la novela que duerme con la historia doblada
en la página ciento treinta y cinco,
el armario de antigua compostura
que se vuelve de espaldas para no molestarnos,
la butaca que abre los brazos a la ropa,
la porcelana vieja,
toda la colección de objetos y recuerdos
que marcan las fronteras de nuestro territorio,
alguna vez, sin duda,
al cabo de una herencia, al final de un destino,
después de una mudanza
o en la complicidad de los desvanes,
hablarán con envidia de nosotros,
se afirmarán testigos de un amor
y buscarán palabras que puedan evocar
la llama en que se juntan dos verdades,
dos sombras que se ofrecen claridad,
los cuerpos sometidos a la luz de su víctima.

Será mejor entonces fiarse del secreto
que guardan las cenizas numeradas
en un viejo reloj despertador.

Luis García Montero: "Completamente viernes", 1998.

sábado, 2 de febrero de 2013

Fin de año

Porque sé que a este amor le pertenecen
los días que me faltan por vivir,
la realidad con su mirada inhóspita,
el deseo que nace de los sueños.

Porque lo sé, porque ya casi todo
pertenece a ese amor,
como las realidades que viví,
como los sueños que me quedan.

Luis García Montero, Completamente viernes (1998)

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