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miércoles, 1 de julio de 2015

Mis paredes, mi calma y mi vigilia...

Mis paredes, mi calma y mi vigilia:
El recinto y el tiempo de estar en mí, conmigo.
A salvo, finalmente
Completamente a salvo
del dolor, la razón y el consuelo.
Sin temblor, sin temor.
Sin atender a nada. Sin aguardar siquiera
a que suceda algo.
Obediente cautivo que enhebra sus jazmines
e insistente cifras, cada noche,
que en su ábaco ordena las estrellas,
así yo voy limando bayonetas y heridas
de rencores y lágrimas.
Porque ya nada importa.
Mientras tanto, las sirenas, gimiendo,
cruzan las avenidas,
el ámbar parpadea en las encrucijadas,
y, en húmedas alcobas, la soledad tantea,
se desliza por el empapelado,
y abarquilla sus bordes.
Sacudo la tristeza que espolvorea mis sábanas
de rabia y alfileres.
Precinto con silencio la derrota.
No me rindo. No entrego:
simplemente, abandono.
Me oculto en el olvido como en un hondo aljibe,
al margen de la estrella, el jazmín y la lágrima.

Ana Rossetti: "Punto Umbrío", 1995

viernes, 15 de mayo de 2015

Domus Aurea

Haec omnia tibi dabo, si cadena adoraveris me (MAT, 4, 9)

En la casa perfecta
donde ni un solo pétalo intenta aventurarse
más allá del jardín y la luz no pretende
abrir un abanico en los espejos,
y el aire no consigue arrancarles palomas
a los libros, ni arrasarle el dosel
al tul de las cortinas, ni estremecer vidrieras.
Un decreto invisible afana su gamuza
sobre las porcelanas, mantiene intacto el vidrio
de las cuberterías y pulidos los pomos,
los caireles; vigila el territorio
de cada bibelot, la exacta inclinación
de cada lámpara, la desnudez del mármol
de los aparadores
y garantiza
el orden y la muerte.
Es la casa perfecta
y mi amor vendaval, es aguacero alondra
que no encuentra lugar donde quedarse.

Ana Rossetti: "Yesterday", 1988

sábado, 20 de agosto de 2011

Qué será ser tú

 Éste es el enigma, la atracción sobrecogedora
de conocer, el irresistible afán de echar el ancla
en ti, de poseerte.
Qué será la perplejidad de ser tú.
Qué, el misterio, la dolencia de ser tú y saber.
Qué, el estupor de ser tú, verdaderamente tú y,
con tus ojos, verme.
Qué será percibir que yo te ame.
Qué será, siendo tú, oírmelo decir.
Qué, entonces, sentir lo que sentirías tú.

Ana Rossetti

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