Haec omnia tibi dabo, si cadena adoraveris me (MAT, 4, 9)
En la casa perfecta
donde ni un solo pétalo intenta aventurarse
más allá del jardín y la luz no pretende
abrir un abanico en los espejos,
y el aire no consigue arrancarles palomas
a los libros, ni arrasarle el dosel
al tul de las cortinas, ni estremecer vidrieras.
Un decreto invisible afana su gamuza
sobre las porcelanas, mantiene intacto el vidrio
de las cuberterías y pulidos los pomos,
los caireles; vigila el territorio
de cada bibelot, la exacta inclinación
de cada lámpara, la desnudez del mármol
de los aparadores
y garantiza
el orden y la muerte.
Es la casa perfecta
y mi amor vendaval, es aguacero alondra
que no encuentra lugar donde quedarse.
En la casa perfecta
donde ni un solo pétalo intenta aventurarse
más allá del jardín y la luz no pretende
abrir un abanico en los espejos,
y el aire no consigue arrancarles palomas
a los libros, ni arrasarle el dosel
al tul de las cortinas, ni estremecer vidrieras.
Un decreto invisible afana su gamuza
sobre las porcelanas, mantiene intacto el vidrio
de las cuberterías y pulidos los pomos,
los caireles; vigila el territorio
de cada bibelot, la exacta inclinación
de cada lámpara, la desnudez del mármol
de los aparadores
y garantiza
el orden y la muerte.
Es la casa perfecta
y mi amor vendaval, es aguacero alondra
que no encuentra lugar donde quedarse.
Ana Rossetti: "Yesterday", 1988