Había llegado a Rua Augusta, una de esas calles rectas con las que había soñado el banquero. Como era domingo, las ópticas y las peluquerías, las agencias de viajes y las oficinas de seguros marítimas estaban cerradas. La gente se dirigía a comer con sus familiares y amigos. Muchos llevaban bandejas o cajas con dulces y pasteles para el postre; regalos dominicales, envueltos y atados con lazos pasteleros.
John Berger "Aquí nos vemos"