Diciembre de 1992. Visita al monasterio trapense
de Our Lady of Gethsemany, Kentucky, en cuyo
jardín está enterrado mi amigo Thomas Merton
Bajo tierra
tú, pisándola yo. Pisándote.
Quizá me escuches, debes escucharme
y debo decírtelo, Tom Merton.
Decirte que era tuyo todo
(Dios incluido), y verso
de todo hiciste.
¿De todo? ¿Te fijaste
en los iris y rosas del jardín?
¿Te fijaste en los pájaros? Existen
para el que canta más acá del libro,
más acá del pasquín en gregoriano.
¿Te fijaste en los cuerpos? Valen
más que el deseo de inmortalidad.
Tom Merton, monje mío,
cómo te mutilabas cada día
alrededor de la mujer sin sexo
con una espada de sus siete espadas.
Pensabas lo que piensa el hombre vano
-que la vida es camino solamente etc.-
y no sabías
que somos para siempre en cada cosa.
¿Te fijaste alguna vez en el poema
frágil signo de tiempo respirado?
Tuviste todo, menos el poema.
Todo, menos el instante.
Todo, menos la belleza.
Todo tuviste, menos la poesía.
Manuel Mantero