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domingo, 3 de enero de 2016

CUADERNO DEL DOMINGO

Después de comer mi padre echaba la siesta y mi madre sacaba de una alacena unos recipientes de plástico que no había visto nunca, cada uno con la tapa de distinto color. En estas sobremesas de domingo hablábamos bajo para no despertar a mi padre, yo sentado a la mesa de la cocina con la cabeza pesada, ella primero fregaba los platos y luego cogía la comida que había dejado aparte y la metía en aquellas cajas opacas. Allí estaban nuestras comidas de los días de fiesta, desde la pasta hasta el postre, la carne con su salsa, las zanahorias cocidas con mantequilla y mi madre diciéndome "Sólo hace falta calentarlos". Después los introducía en una bolsa verde, añadía también una servilleta de tela, idéntica a aquellas que habíamos utilizado en la mesa.

Andrea Bajani, "Ogni promessa"
Dopo pranzo mio padre andava a dormire, mia madre tirava fuori da una credenza dei contenitori di plastica che non avevo mai visto, i coperchi ognuno di un colore diverso. Parlavamo piano per non svegliare mio padre, in questi dopopranzo domenicali, io seduto al tavolo della cucina con la testa pesante, e lei che prima lavava i piatti poi prendeva le porzioni tenute in disparte e le infilava dentro quelle scatole opache. Li c'erano i nostri pranzi festivi, dalla pasta asciutta fino al dolce, l'arrosto a bagno dentro il suo sugo, le carote già cotte nel burro, mia madre che diceva Bisogna solo scaldarle. Poi le metteva in una borsa verde, ci aggiungeva anche un tovagliolo di stoffa, identico a quelli che avevamo usato noi a tavola. 

domingo, 27 de diciembre de 2015

CUADERNO DEL DOMINGO

Sobre todo sentía curiosidad por las señales de los pliegues que mis padres habían hecho durante la lectura. Los grandes y distintos, a veces de media página, eran de mi madre; los pequeños, siempre idénticos, los triángulos púdicos de mi padre. Se alternaban si el libro lo habían leído los dos: intemperante ella, meticuloso él, a veces en la misma página. De la distancia entre ellos obtenía datos del día y la hora. Dos pliegues que distaban dos páginas eran la lectura diaria de mi padre hasta que le entraba sueño. Dos pliegues distantes indicaban la lectura de las tardes del domingo de mi madre en el sofá, y con las piernas dobladas debajo.

Andrea Bajani: Ogni promessa

Era incuriosito soprattuto dalle orecchie che i miei genitori avevano fatto durante le letture, se ne vedevano le pieghe. Le orecchie grande di mia madre, casuali, e invece quelle minute, sempre identiche, i triangoli pudichi di mio padre. Se li avevano letti entrambi si alternavano l'intemperanza di lei e la meticolosità di lui, a volte le trovavo nella stessa pagina. Dalla distanza tra le orecchie capivo giorni e ore. Due orecchie a distanza di due pagine erano le letture seriali di mio padre, fin quando un sogno non aveva iniziato a infiltrarsi nella storia. Due orecchie molto distanti invece erano le domeniche pomeriggio di mia madre: il divano, la coperta e le gambe rannicchiate sotto.

sábado, 23 de mayo de 2015

Habitar una casa nueva genera fatiga y fantasía.

Andrea Bajani: "Mi riconosci"

Abitare una casa nuova costa fatica e fantasia.

sábado, 4 de abril de 2015

Si la ignorancia fuera un vacío, sería posible llenarlo de cosas, de cultura, de civilización. Pero la ignorancia es algo que está lleno. Es un muro, y los muros sólo se pueden abatir, o si no pasarlos por encima.

Andrea Bajani: "Mi riconosci"

Se l'ignoranza fosse un vuoto sarebbe facile riempirlo di cose, di cultura, di civiltà. Ma l'ignoranza è un pieno. È un muro e i muri si possono solo abbatere, oppure scavalcare.

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