Holly se despertaba siempre a las ocho de la mañana, y ese día no había hecho una excepción. Guido apareció con los periódicos, consiguió llevar a Holly de vuelta a la cama y durante un rato se sintió el rey del universo. Tres horas después, terminaban de desayunar mientras leían el periódico, pero a Guido las noticias no le decían gran cosas. Lo que a él le parecía un acontecimiento de enorme importancia no había alterado la rutina de Holly en absoluto, quien todos los domingos leía el periódico siguiendo un orden determinado.
(...)
Holly se disponía a empezar el crucigrama cuando Guido la agarró
-Maldita sea, Holly. ¿Esque nada de esto significa nada para ti?
-¿Nada de qué?
-Acabamos de pasar nuestra primera noche juntos y aquí estás tú, con tu maldito crucigrama.
-Lo hago todos los domingos -dijo-. Y pensaba que esta sería la primera de muchas noches.
Laurie Colwin: "Tantos días felices"