Hay que ser muy fuerte para amar la soledad. Hay que tener buenas piernas y una resistencia fuera de lo común. Hay que evitar los resfriados, la gripe y la gota. No se debe temer a rapiñadores y asesinos. Si toca caminar toda la tarde o quizá toda la noche, hay que saber hacerlo sin pensar mucho. Sentarse no se puede, especialmente en invierno, con el viento sobre la hierba mojada y con las piedras entre la basura, húmedas y fangosas. No hay ninguna gratificación, de eso no hay duda, salvo la de tener por delante un día y una noche sin deberes o límites de ningún género.
Pier Paolo Pasolini