Era domingo porque hacía sol, porque yo había decidido que no iba a trabajar, porque se oían pocos coches en la ciudad, porque el mundo parecía infinito, porque mis hijas llevaban vestidos con lazos que se ataban por detrás de la cintura y porque yo había dormido hasta despertarme con las campanas de la iglesia que llamaban a la gente a misa.
José Luis Peixoto: Cementerio de pianis