Mis pensamientos vagaban sin rumbo por campos muy alejados de los delimitados por la alambrada eléctrica, en algunos tramos, de mi matrimonio. Y así, volví a sentirme como aquella niña de Missouri que todos los domingos, en el cuarto de castigo de mi abuelo, tenía que escuchar la lectura del Libro de los Mártires, de Foxe; aquella niña asustada y rebelde, cuyo aburrimiento era ofensivo.
Jean Stafford: "La invasión de poetas"