¿Qué le diremos esta noche al amigo que duerme?
La palabra más tenue nos sube a los labios
desde la pena más atroz. Miraremos al amigo,
sus inútiles labios que no dicen nada,
hablaremos en voz baja.
La noche tendrá el rostro
del antiguo dolor que resurge cada tarde,
vivo e impasible. El silencio remoto
sufrirá como un alma, mudo, en lo oscuro.
Hablaremos a la noche que respira en voz baja.
Oiremos cómo gotean los instantes en lo oscuro,
más allá de las cosas, en el ansia del alba
que llegará súbitamente tallando las cosas
contra el muerto silencioso. La luz inútil
develará el rostro absorto del día. Los instantes
callarán. Y hablarán quedamente las cosas.
La palabra más tenue nos sube a los labios
desde la pena más atroz. Miraremos al amigo,
sus inútiles labios que no dicen nada,
hablaremos en voz baja.
La noche tendrá el rostro
del antiguo dolor que resurge cada tarde,
vivo e impasible. El silencio remoto
sufrirá como un alma, mudo, en lo oscuro.
Hablaremos a la noche que respira en voz baja.
Oiremos cómo gotean los instantes en lo oscuro,
más allá de las cosas, en el ansia del alba
que llegará súbitamente tallando las cosas
contra el muerto silencioso. La luz inútil
develará el rostro absorto del día. Los instantes
callarán. Y hablarán quedamente las cosas.
Cesare Pavese (1937)