Los niños de posguerra íbamos a la iglesia los domingos por la tarde a aprender de memoria el catecismo, mientras en la plaza sonaba la radio con la voz de Matías Prats que, tal vez, retransmitía una final de copa y los nombres de Zarra y de Puchades se superponían a los dogmas del Credo. Al salir de la catequesis comprábamos cromos de futbolistas en la paradita. Aquellos cromos envueltos en olor a linotipia duermen todavía en nuestro cerebelo junto con las verdades absolutas, pero realmente lo que demostraba la existencia de Dios era el que se producía cuando al final de muchas plegarias, sin dar crédito a los ojos, salía del sobre el futbolista imposible que te faltaba para completar tu colección..
Manuel Vicent: "Ojo humano", en El País Semanal, 10/07/2016