[1963]
Al día siguiente, domingo, Martiniano estrenó la televisión. La noticia había corrido por el pueblo y, ya desde por la mañana, el bar estaba lleno de gente que quería ver el invento del que todos hablaban con entusiasmo, pero que muy pocos conocían. Yo apenas comí ese día. Estaba tan nervioso que ni siquiera fui al cine, como todos los domingos por las tarde, pese a que la televisión no empezaba hasta las siete. A las cinco, yo ya estaba en el bar de Martiniano (excepcionalmente, aquel día dejaron entrar a todos, incluidos los chavales) y esperaba impaciente, sentado en primera fila, el momento en que la televisión se pusiera en marcha.
Al día siguiente, domingo, Martiniano estrenó la televisión. La noticia había corrido por el pueblo y, ya desde por la mañana, el bar estaba lleno de gente que quería ver el invento del que todos hablaban con entusiasmo, pero que muy pocos conocían. Yo apenas comí ese día. Estaba tan nervioso que ni siquiera fui al cine, como todos los domingos por las tarde, pese a que la televisión no empezaba hasta las siete. A las cinco, yo ya estaba en el bar de Martiniano (excepcionalmente, aquel día dejaron entrar a todos, incluidos los chavales) y esperaba impaciente, sentado en primera fila, el momento en que la televisión se pusiera en marcha.
Julio Llamazares: Escenas de cine mudo