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domingo, 30 de octubre de 2016

CUADERNO DEL DOMINGO

Yo fui el primero que lo vi [a Tango] muerto y el último, también, que lo vi todavía vivo antes de que se estrellara contra aquel árbol.
Fue un domingo de febrero, hacia las tres de la tarde. Lo sé porque había comido y estaba haciendo tiempo por la calle hasta la hora del cine, que ese día -me acuerdo aún y, sin embargo, qué extraño es todo, ya no recuerdo lo que hice ayer- anunciaba "Los Titanes", una película mitológica que a mí me gustó tanto que la vi hasta cuatro veces (a lo mejor es que nos la pusieron cuatro domingos seguidos, cosa que también pasaba). Yo estaba, me recuerdo aún, junto al bar de la Diabla, mirando la carretera, que a esa hora aparecía tan desierta como el resto de las calles. La gente estaba comiendo, salvo en mi casa, donde se hacía a la una, fuera lunes o domingo y pasara lo que pasara (mi padre tenía esa hora y él era el que mandaba), o, los más madrugadores, tomando café en los bares. De pronto, lo vi venir por el comercio del Negro pilotando aquella Guzzi que a mí tanto me gustaba. Todo sucedió muy rápido, en apenas unos segundos, que fue lo que tandó en cruzar delante de mí. Se acercó, pasó ante mí (no iba a mucha velocidad: había nieve en la calzada), siguió veinte o treinta metros y, de pronto, cuando estaba ya a punto de desaparecer del cuadro, salió despedido a un lado, como si fuera un cohete, y fue a parar contra un árbol.

Julio Llamazares: Escenas de cine mudo

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