Cuando el vecino salía del portal veía siempre al niño, saltando, intentando alcanzar, sin conseguirlo nunca, la rama más baja del sauce llorón. A veces el niño dejaba de saltar a su paso y le saludaba, educado, y el vecino le respondía con una sonrisa.
Un día el vecino salió del portal, y, al ver al niño, tuvo una idea. Se acercó al árbol y alzó en volandas al niño hasta que éste tocó la rama más baja del sauce llorón. El niño, educado, le dio las gracias, y el vecino le respondió con una sonrisa.
A partir de entonces, cuando el vecino salía del portal se encontraba al niño aburrido, sentado mirando la acera. El niño le saludaba, educado, y el vecino le respondía con una sonrisa.
Un día el vecino salió del portal, y, al ver al niño, tuvo una idea. Se acercó al árbol y alzó en volandas al niño hasta que éste tocó la rama más baja del sauce llorón. El niño, educado, le dio las gracias, y el vecino le respondió con una sonrisa.
A partir de entonces, cuando el vecino salía del portal se encontraba al niño aburrido, sentado mirando la acera. El niño le saludaba, educado, y el vecino le respondía con una sonrisa.
Pereulok