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domingo, 31 de julio de 2011

CUADERNO DEL DOMINGO

Conduciendo por Houston, en ese eterno domingo que parece imperar aquí después de las cinco de la tarde, se tiene la sensación de que una bomba de neutrones ha estallado en alguna parte de la ciudad, una bomba de esas que extermina todo indicio de vida sin afectar a las edificaciones. Una ciudad muerta que se mantiene en pie como un decorado de cartón piedra. La sensación de angustia se extrema en esas largas horas, y el deseo de abandonar la ciudad cuanto antes te asalta de manera violenta. Los mosquitos, enormes, ayudan lo suyo a que la ciudad de los campeones de baloncesto de los Estados Unidos, los toros mecánicos en los bares cuyos suelos han sido tapizados por cáscaras de cacahuetes, los profesores y médicos vestidos de tejanos, y los cuadros desérticos de Cy Twombly, no merezca más que unas instantáneas en nuestro álbum de fotos.

Juan Bonilla: "El eterno domingo de Houston",
en "El arte del yo-yo" (1993-96); ed. en Pre-Textos, 1996

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