Desde finales de los sesenta nos hemos vuelto adictos a la rebeldía: la rebeldía es chic, es cool, realmente es muy seductora. Digamos que todos los valores que impulsó la vanguardia artística, desde el dadá hasta el surrealismo, luego con el situacionismo, la generación beat... resultaron ser supremamente seductores para las generaciones que veníamos después. Todos los nacidos después de los sesenta, de alguna forma somos hijos de la vanguardia. Todos estos valores hacen parte de los que nos gusta, de lo que nos seduce, de lo que nos atrae. Por eso somos fácil presa de los publicistas que nos venden rebeldía... o mercancías rebeldes.
Carlos Granés