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lunes, 5 de octubre de 2015

Una ejecución no es simplemente la muerte. Es tan diferente de la privación de la vida como un campo de concentración lo es de una prisión. Convierte a la muerte en una premeditación pública conocida por la futura víctima, en una organización que es en sí misma una fuente de sufrimientos morales más terribles que la propia muerte. La pena capital es la forma más premeditada de asesinato, con la que ningún acto criminal se puede comparar, por muy calculado que éste sea. Para que existiera un equivalente, la pena de muerte debería castigar a un criminal que hubiera avisado a su víctima de la fecha en la que le provocaría una muerte horrible y que, desde ese momento, le hubiera mantenido confinado a su merced durante meses. Un monstruo así no se encuentra en la vida real.

Albert Camus

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