En ese momento, con la excusa de que está anocheciendo, los casados dan por terminado el partido.
Mentira: no es una excusa. Es que les ha entrado la angustia atroz del final del domingo, que se aprende cuando uno es soltero y el lunes hay que ir al colegio, y que ya no se te olvida nunca. Pero los casados ya no son solteros, así que saben despedirse hasta el próximo partido sin que apenas se les note que están aterrados porque al día siguiente tendrán que sobrevivir como sea lanzando balones bombeados y pegándole patadas a todo lo que se mueve.
Javier Cercas: "Solteros contra casados", El País Semanal, 9/03/2003.