Cada pareja, cuando se enamora y se frecuenta y convive y se ama, crea un idioma que sólo pertenece a ellos dos. Ese idioma, lleno de neologismos, inflexiones, campos semánticos y sobreentendidos, tiene solamente dos hablantes. Empieza a morir cuando se separan; muere del todo cuando los dos encuentran nuevas parejas, inventan nuevas lenguas y superan el duelo que sobrevive a toda muerte. Son millones las lenguas muertas.
Jorge Carrión