Los historiadores de las ideas nunca han abandonado la teoría histórica del Gran Hombre. A menudo escriben como si todas las ideas importantes de una época determinada pudieran remontarse a un intelectual u otro —sea Platón, Confucio, Adam Smith o Karl Marx— en lugar de ver los escritos de esos autores como intervenciones especialmente brillantes en debates que se daban ya en tabernas, cenas formales o jardines públicos (o, tanto da, salas de conferencias), pero que de otro modo nunca se hubieran escrito. Es un poco como pretender que William Shakespeare inventó la lengua inglesa.
David Graeber y David Wengrow: El amanecer de todo: una nueva historia de la humanidad.