Como si fuesen
sospechosos de algo,
algunos días de invierno
se diría que ni se atreven
a salir a la luz.
Sabemos que están ahí,
por supuesto,
pasando de largo
junto a la ventana,
pero nunca nos apetece
hacer nada con ellos,
salvo precisamente eso,
dejarlos pasar.
Y sin embargo,
sobre todo a partir de una edad,
qué importancia tiene
vigilarlos de cerca,
prestar mucha atención
a cómo nos afectan.
De apariencia desvalida, triste,
hasta casi dar lástima,
son los grandes abrevaderos
de la melancolía,
y, cuando se prolongan
durante semanas,
la vuelven peligrosa.
Karmelo C. Iribarren: Los grandes abrevaderos (Mientras me alejo, 2017)