«Mira,
ese de ahí,
es poeta»,
dice.
Y la amiga
mueve ligeramente
la cabeza,
y te mira un instante
—como miraba en el museo
aquellas cosas viejas—,
y luego remueve un poco
su café,
y le contesta
que a ella Bécquer
le parecía guay.
Karmelo C. Iribarren (La frontera y otros poemas, 2005)