Los feos edificios de Madrid se transforman en una ciudad espléndida cuando la tarde luminosa los hace relucir como bloques fantásticos delante de los montes en el ocaso, o cuando el sol blanco del mediodía los dibuja como superficies lisas y estridentes con finos bordes umbríos sobre la campana centelleante del cielo de un intenso color azul.
Ilsa Barea-Kulcsar
en lugar de dedicatoria -1939-, en "Telefónica" (1949)