Se enfrentaba a la tenacidad desquiciante del vínculo de sangre. Oh, no teníais por qué quereros; de hecho, hasta podríais injuriaros. Pero, al parecer, lo único que no está en nuestro poder es colocar a un miembro de la familia en la categoría de lo que no tiene importancia.
Lionel Shriver: El mundo después del cumpleaños