Aunque hoy es sábado, aquí cada día es domingo. No uno de esos domingos de Carrusel deportivo en la radio y nervios en la barriga, cuando ya no sabes qué es peor, si pensar que la tensión de esta tarde de aburrimiento durará eternamente o la angustia de saber que cuando termine será lunes. Otro tipo de domingo, suave y dócil. Cuando no importa el trabajo porque no importa el dinero. La brisa templada agita los laureles, coquetea con las hojas de boj, consuela a los sauces y roba algunas hojas a los tilos plateados. Domingos en los que quedarse a vivir.
Miqui Otero: Rayos