La campana es la misma; pero los domingos, a primera hora de la mañana, no suena igual que los otros días. Los tañidos dominicales se suceden más calmados, menos desapacibles, menos atosigantes, como pregonando con una cadencia perezosa: vecinos, tlan, son las ocho de la mañana, tlan; por mí podéis, tlan, seguir en la cama, tlan.
Fernando Aramburu: Patria