Teresa se quedó en la habitación vacía, sin sombras, como un hueco. Aún vibraban las formas antiguas de los muebles. Y ella misma, como un fantasma. Su pasado en la cuna, en las literas, en la cama. Jugando a las muñecas, a los soldados, con su hermano, sola. Rayando el parqué con los patines de hierro. Encerrada, llorando por esto y por aquello. Vistiéndose, desvistiéndose. Estudiando sola, con sus amigas. Tocándose, haciendo el amor con Julian. Yéndose a casar. Volviendo los domingos, cuando se visita a los padres que envejecen. Luego solo a la madre. De regreso unos años después, separada, con un hijo. Marchándose de nuevo.
Ignacio Elguero: "Leif Garrett en el dormitorio de mi hermana"