No hacía calor todavía, pero el mundo era un lugar oloroso a vegetación, húmedo y colorido, y allí, en la mesa de la terraza, rodeados por helechos colgantes, hablando a pocos metros de un tronco en el cual crecían unas bromelias, me sentía bien, pensé que me sentaba bien ese Domingo de Pascua.
Juan Gabriel Vásquez: "El ruido de las cosas al caer"