Ahora escribo, aquí, en la terraza. Es domingo por la mañana. El día es soleado y se escucha el bullicio de las familias que pasan por la calle, camino de la playa o de los restaurantes de la avenida de Las Canteras. En el bajo del edificio hay un bar con terraza y la gente bebe cerveza y hace enyesques de queso, aceitunas o papas arrugadas. Un viejecillo, en una de las mesas más alejadas, ha sacado una guitarra y está interpretando un bolero con más sentimiento que oído.
Es como si la tarde no fuera a llegar nunca, como si todo el mundo estuviera bien alimentado y vestido, como si todos fueran felices, como si la muerte no existiera.
Alexis Ravelo: "La última tumba"