De vez en cuando le echaba un vistazo al teléfono para comprobar que no le había llamado nadie sin que él se enterase. Era un gesto absurdo, casi nunca le llamaban, y aquel domingo no fue una excepción. Sin embargo, le pareció que aquel gesto tenía un sentido. Comprender qué sentido era otro asunto.
Pasó el resto del día entre la television y el ordenador.
Gianrico Carofiglio: "El silencio de la ola"