La primera vez que la vio (...) la perdió entre la multitud dominical y espesa, que tenía la costumbre de refugiarse en los cines, llenos a rebosar, al menos una vez por semana, no sólo para distraerse de las miserias de la posguerra sino porque así también, una vez por semana, el calor acumulado durante las tres horas que duraba la sesión continua -entonces echaban dos películas y el inevitable NODO- les permitía paliar el desconsuelo del frío.
Carme Riera: "La mitad del alma", 2004