Esta mirada mía, esta incógnita demostración de existir
en un tiempo dado, en un encerrado presente, en un ciego latido.
Este reconcentrado mirar que reproduce un jarro en la pupila
verde, más humana que nunca en este día
fugaz, en esta tarde de junio,
de algún modo estará en el futuro como hoy en ti, jarro que esplendes
dentro de la limitación y la vida.
Oscuramente llevarás hacia un día remoto el temor con que ahora te miro,
mi angustia y mi incertidumbre y mi desolada esperanza,
y mi despertar hacia la luz y mi anochecer temeroso.
Escucho el rumor de otros pasos, los vestidos ligeros
de otros cuerpos y el roce de otras manos
y la tristeza de otros ojos que en un momento
coincidirán conmigo en mi mirarte,
en mi contemplarte en silencio, en mi respiración sofocada.
Sueño y ahondo y altero la propagación de mi vida
y cojo en mis dos manos ese trozo de esbeltez
necesaria más allá de la noche,
y lo alzo en la noche y como en cáliz de apurada presencia
bebo el recuerdo y me sumo en meditación apagada.
Qué es esto que ahora contemplo, dónde están esos ojos
que desde una esquina de esta misma habitación me murmuran
un nombre, acusan una relación o sugieren un dato
vago, casi olvidado, algo perdido y confundido y solo
como mi presencia aquí, ahora, solitario y entero
y renunciado e íntegro. Yo soy, existo
y, sin embargo, sueño. Por el aire
pasan palomas, surgen multitudes
apresuradas que a una fiesta asisten,
y miran y contemplan y aman y regresan,
y luego vuelven otras vez y preguntan
con sueño, hacia la tarde,
en el camino solitario. ¿Qué es esto,
qué representa esta cinta morada, este sombrero, este calcetín sudoroso,
este irrisorio bienestar que me orea?
¿Dónde las brisas de esta tarde parada
un momento en un junio fugaz,
donde mis manos que toman con premura este jarro,
donde mis dedos que lo aprietan tan leves,
tan amantes y leves,
tan sumisas y leves
como los tuyos, criatura que has de amar y que un día, absorta,
mirarás con mi misma tristeza y anhelante pregunta
este jarro, tan bello?
en un tiempo dado, en un encerrado presente, en un ciego latido.
Este reconcentrado mirar que reproduce un jarro en la pupila
verde, más humana que nunca en este día
fugaz, en esta tarde de junio,
de algún modo estará en el futuro como hoy en ti, jarro que esplendes
dentro de la limitación y la vida.
Oscuramente llevarás hacia un día remoto el temor con que ahora te miro,
mi angustia y mi incertidumbre y mi desolada esperanza,
y mi despertar hacia la luz y mi anochecer temeroso.
Escucho el rumor de otros pasos, los vestidos ligeros
de otros cuerpos y el roce de otras manos
y la tristeza de otros ojos que en un momento
coincidirán conmigo en mi mirarte,
en mi contemplarte en silencio, en mi respiración sofocada.
Sueño y ahondo y altero la propagación de mi vida
y cojo en mis dos manos ese trozo de esbeltez
necesaria más allá de la noche,
y lo alzo en la noche y como en cáliz de apurada presencia
bebo el recuerdo y me sumo en meditación apagada.
Qué es esto que ahora contemplo, dónde están esos ojos
que desde una esquina de esta misma habitación me murmuran
un nombre, acusan una relación o sugieren un dato
vago, casi olvidado, algo perdido y confundido y solo
como mi presencia aquí, ahora, solitario y entero
y renunciado e íntegro. Yo soy, existo
y, sin embargo, sueño. Por el aire
pasan palomas, surgen multitudes
apresuradas que a una fiesta asisten,
y miran y contemplan y aman y regresan,
y luego vuelven otras vez y preguntan
con sueño, hacia la tarde,
en el camino solitario. ¿Qué es esto,
qué representa esta cinta morada, este sombrero, este calcetín sudoroso,
este irrisorio bienestar que me orea?
¿Dónde las brisas de esta tarde parada
un momento en un junio fugaz,
donde mis manos que toman con premura este jarro,
donde mis dedos que lo aprietan tan leves,
tan amantes y leves,
tan sumisas y leves
como los tuyos, criatura que has de amar y que un día, absorta,
mirarás con mi misma tristeza y anhelante pregunta
este jarro, tan bello?
Carlos Bousoño: Invasión de la realidad (1962)