Hacer números y cuentas en una libreta de mercader va directamente contra el romanticismo. Cualquier análisis serio baja la líbido. Ante una maravillosa puesta de sol en una tarde de domingo, ningún amante, que no fuera un idiota, trataría de detener la desbocada pasión de su novia recordándole el dificultoso permiso de los padres para casarse, cuál de las dos familias va a pagar el banquete de boda, a qué banco pedirán la hipoteca del piso, a qué colegio llevarán a los niños. Nada, vamos a fundirnos sin pensar qué será de nosotros mañana.
Manuiel Vicent: "El País", 23 / 09 / 2012