(...) ella se ofendió muchísimo a causa de mi súbita felicidad ante la idea de macharme, y abandonó sus caricias.
Pero yo ya no necesitaba nada de aquello. Me acariciaba la avaricia. Me acariciaba con la promesa de nuevos deseos.
Lidia Zinovieva-Annibal: "El zoo trágico" (1907)