Los indignados exhibían su indignación contra los políticos y los banqueros marchando de Cibeles a Sol, pero los políticos y los banqueros no estaban en sus respectivas sedes
para verlos pasar, era un día doblemente festivo, domingo y San Isidro.
Gallardón no ocupaba su lujoso despacho del Palacio de Comunicaciones,
Esperanza no estaba en sus cuarteles de la Casa de Correos y los bancos
de la calle de Alcalá con sus cuadrigas, sus elefantes y sus cariátides
solo abrían las insaciables y peligrosas bocas de sus cajeros
automáticos. Los indignados marchaban y los políticos en liza
descansaban y se limpiaban los zapatos del polvo acumulado en su desfile
matutino por la pradera de San Isidro, unos de verbena, otros de
manifestación, los políticos comieron rosquillas, bebieron agua
milagrosa y celebraron la festividad del santo varón que subcontrataba
ángeles para que arasen los campos mientras rezaba. Los políticos se
alzaban con el santo y los indignados les movían la peana. ¿Y los
banqueros?, nadie sabe en qué ocupan los banqueros sus días festivos, si
los dedican a jugar al golf o a contar sus dineros, a navegar en sus
yates o en la Red siguiendo la pista de sus ganancias ilegítimas. Los
banqueros no hacen campañas, las financian con generosos créditos que no
dan a nadie y cuando es necesario, o conveniente, les condonan las
deudas a cambio de favores inconfesables.
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Folclore de pacotilla, charanga, fritanga y manubrio en la soleada mañana de San Isidro. Domingo al Sol, los que lo toman los lunes, los parados, los indignados, los hipotecados, los precarizados, los desposeídos no pisarían las verdes praderas y le aguarían la fiesta al santo aguador y a los políticos paniaguados con las reivindicaciones de "las personas corrientes".
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Folclore de pacotilla, charanga, fritanga y manubrio en la soleada mañana de San Isidro. Domingo al Sol, los que lo toman los lunes, los parados, los indignados, los hipotecados, los precarizados, los desposeídos no pisarían las verdes praderas y le aguarían la fiesta al santo aguador y a los políticos paniaguados con las reivindicaciones de "las personas corrientes".
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Moncho Alpuente: "Domingo al sol" (El País, 18/05/2011)