No me importaría morir amargado, puesto que así es como al fin y al cabo he vivido la mayor parte de mi vida, y como probablemente seguiré viviendo el tiempo que me quede en este mundo; lo que sí me molestaría sería el hecho de morir amargado no se debiera a la sensación de amargura metafísica congénita que me persigue desde que tengo uso de razón, y que tan natural y lógica me resulta, sino a la más convencional sensación de que tendría que haber vivido de otro modo. No hay, nunca, "otro modo" que valga. Jamás deberíamos arrepentirnos, ni de lo que hemos hecho ni de lo que hemos dejado de hacer.
Roger Wolfe: "Siéntate y escribe"