Era domingo por la noche, y la ropa interior de Polly, sus medias y
combinaciones estaban puestas a secar en el baño. La hiedra y la
costilla de Adán del cuarto de estar también habían recibido su ración
semanal de agua, y las blusas lavadas y colgadas de una cuerda
festoneaban la ventana. Polly se desenredaba el cabello mojado con un
cepillo de la marca Ogilvie Sisters y se lo escurría con una toalla.
Extendido sobre otra toalla, se secaba un jersey blanco de lana. Polly
había descubierto que hacer la colada era una buena cura contra la
depresión del domingo por la noche para una trabajadora como ella. La
espuma del jabón, el vapor, el olor a lana húmeda, el chirriar del pelo
limpio entre sus dedos, poco a poco le hacía sentir que "todo se iría
con el lavado".
Mary McCarthy: "El grupo" (Ed. TusQuets, 2008).