Resulta que hoy es domingo y que son las 16.07. Jonathan sigue
sin encontrarse del todo bien y echo la siesta en el dormitorio con el
teléfono desconectado. Las niñas están en el estudio con las hijas de
Jocelyn, jugando al Monopoly y haciendo unas joyas espantosas con el
juego "Hazte tu propio collar" que les compré en Rahman. Estoy
escribiendo en el cuarto de Lottie, mientras en la tele dan una película
de William Powell (eso sí que es un hombre), con el cajón del
escritorio de Lotte abierto por si he de esconder esto a toda prisa.
No ha venido nadie desde que estoy aquí, pero el teléfono ha sonado cuatro veces. Cada vez era alguien aceptando la invitación a nuestra fiesta... Me resulta increíble pensar que sólo faltan dos semanas. El tedio de los domingos debe de haber empujado a la gente a la acción, les ha recordado que todavía hay cosas como las fiestas y que se va a celebrar una en tan sólo dos semanas para la cual ni siquiera han confirmado su asistencia. Dos semanas, Santo Dios.
No ha venido nadie desde que estoy aquí, pero el teléfono ha sonado cuatro veces. Cada vez era alguien aceptando la invitación a nuestra fiesta... Me resulta increíble pensar que sólo faltan dos semanas. El tedio de los domingos debe de haber empujado a la gente a la acción, les ha recordado que todavía hay cosas como las fiestas y que se va a celebrar una en tan sólo dos semanas para la cual ni siquiera han confirmado su asistencia. Dos semanas, Santo Dios.
Sue Kaufman: "Diario de un ama de casa desquiciada", 1967.