Mañana será lunes
Mañana será lunes, como todos
los días. La luz en la ventana
hará crujir la sombra y el silencio.
Lloverá nuevamente, como ahora,
para hacer más desastre el nuevo día
y que quede parado ante mis ojos
como una torre umbría y apartada.
Hará frío también -la lejanía-
para hacer su presencia desolada
y acabar en un punto arrinconado.
He apoyado la frente en los cristales
empañados de noche y dormitorio.
Me abandono al silencio y escudriño
en la humedad vacía de la acera,
sin encontrar el punto -ya distante
o cercano- que me sirve de apoyo
para crear un nuevo mundo extraño;
para trazar fronteras que separan
el cotidiano y nuestro, de ese otro,
concebido en un deje de esperanza.
Mañana será lunes y otra vez
lloverá y hará frío como siempre.
Volveré al autobús de cada día
y a los poemas que jamás alcanzo.
Mañana será lunes, como todos
los días. La luz en la ventana
hará crujir la sombra y el silencio.
Lloverá nuevamente, como ahora,
para hacer más desastre el nuevo día
y que quede parado ante mis ojos
como una torre umbría y apartada.
Hará frío también -la lejanía-
para hacer su presencia desolada
y acabar en un punto arrinconado.
He apoyado la frente en los cristales
empañados de noche y dormitorio.
Me abandono al silencio y escudriño
en la humedad vacía de la acera,
sin encontrar el punto -ya distante
o cercano- que me sirve de apoyo
para crear un nuevo mundo extraño;
para trazar fronteras que separan
el cotidiano y nuestro, de ese otro,
concebido en un deje de esperanza.
Mañana será lunes y otra vez
lloverá y hará frío como siempre.
Volveré al autobús de cada día
y a los poemas que jamás alcanzo.
Francisco Bejarano (poema tomado de la revista "Álamo", abril, 1971).