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lunes, 26 de noviembre de 2012

Insatisfacción

Le pidieron al Insigne Escritor que seleccionara de entre sus obras aquélla que más le representara, pues deseaban realizar una edición especial de homenaje a su figura. Así que se sentó en su escritorio, amontonó toda su obra a un lado de la mesa y la fue repasando metódicamente, sin saltarse ningún texto, leyéndose extractos de aquí y de allá. Primero tomó sus escritos de juventud y los rompió con decisión, por considerarlos mal escritos e inmaduros. Tomó luego sus primeros éxitos y los rompió, por ser plagios indiscutibles de sus autores más admirados. Tomó también sus obras mejor vendidas, las que le habían permitido, por fin, en la mitad de su vida, vivir de la Literatura, y las rompió, porque no había sentido nada al escribirlas. La misma razón le llevó a romper las novelas escritas por encargo. Rompió luego sus novelas premiadas, porque parecía increíble que alguien hubiera pensado que merecían un premio. Tomó sus obras de madurez y las rompió, por falsas y ajenas a sí mismo. Por último, tomó sus escritos inéditos y los rompió, porque merecían seguir inéditos. Incluso las pocas frases que había escrito la tarde anterior, ésas también las rompió, porque ni siquiera él mismo soportaba su lectura. El Insigne Escritor miró su escritorio vacío y el suelo de madera nevado de pedacitos blancos. Apoyó la cabeza en el escritorio y se echó a llorar.

Pereulok

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