Mañana no puede ser lunes
En primer lugar, porque no es necesario esperar hasta la noche para salir de casa. Lo propio es salir al mediodía a tomar unas cañitas. En segundo lugar, porque la actitud de la gente es muy diferente. Al fin y al cabo, es el último día de libertad para los que trabajan los lunes, es la última oportunidad para pasarlo bien, para ligar, para hacer esas cosas que la rutina laboral obliga a posponer.
Hace ya tiempo descubrí un placer de domingo que, salvo que esté fuera de Madrid, no me pierdo. De hecho, si he viajado el fin de semana, intento siempre que la vuelta sea antes de las seis de la tarde. Porque los domingo sobre esa hora tengo una cita fija en La Sixta y El Atril, dos pequeños bares de La Latina. (...)
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Esta cita del domingo se ha convertido en una especie de nido solidario de todos aquellos que nos resistimos a que los domingos sean como los de nuestra infancia, días tristes donde se preparaba la cartera con demasiada antelación, donde se tenía un nudo en el estómago porque faltaban cinco días para volver a ser libres. Ahora los domingos pueden ser lo mejor de la fiesta. Y a los lunes que les den.
En contra de lo que mucha gente piensa y hace, el mejor día para salir es el domingo. Sí, el domingo, ese día que cuando éramos niños pasábamos tristes pensando que a la mañana siguiente había que ir al cole con el ruido de los partidos de fútbol de fondo. Luego uno crece y aprende que los domingos pueden ser los días más divertidos.
En primer lugar, porque no es necesario esperar hasta la noche para salir de casa. Lo propio es salir al mediodía a tomar unas cañitas. En segundo lugar, porque la actitud de la gente es muy diferente. Al fin y al cabo, es el último día de libertad para los que trabajan los lunes, es la última oportunidad para pasarlo bien, para ligar, para hacer esas cosas que la rutina laboral obliga a posponer.
Hace ya tiempo descubrí un placer de domingo que, salvo que esté fuera de Madrid, no me pierdo. De hecho, si he viajado el fin de semana, intento siempre que la vuelta sea antes de las seis de la tarde. Porque los domingo sobre esa hora tengo una cita fija en La Sixta y El Atril, dos pequeños bares de La Latina. (...)
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Esta cita del domingo se ha convertido en una especie de nido solidario de todos aquellos que nos resistimos a que los domingos sean como los de nuestra infancia, días tristes donde se preparaba la cartera con demasiada antelación, donde se tenía un nudo en el estómago porque faltaban cinco días para volver a ser libres. Ahora los domingos pueden ser lo mejor de la fiesta. Y a los lunes que les den.
Alex Rei (EL PAÍS, 2/08/2008)