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domingo, 22 de julio de 2012

CUADERNO DEL DOMINGO

Los domingos eran dias de combate de vallas de buena concurrencia, y por cosas así le gustaban las mañanas de domingo. No las tardes, se hacían interminables y vacías después de una siesta y se sentía cansado y todavía soñoliento hasta el anochecer; tampoco las noches, cualquier lugar estaba lleno y el refugio de siempre era la casa del Flaco, pero había algo que hacía densas y tediosas las noches de domingo, no había juego de pelota siquiera y abrazarse a una botella de ron era tortuoso con la amenaza palpable del lunes. Las mañanas no: las mañanas de domingo el barrio amanecía bullicioso y callejero (...). Disfrutaba como ninguno de sus amigos aquel ocio dominguero en el barrio, y después de tomarse un café, salía a comprar el pan y el periódico y generalmente no regresaba hasta la hora tardía del almuerzo dominical.
               Leonardo Padura: "Pasado perfecto"

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