El mérito de Marx fue convertir al burgués, sacándolo del terreno de los resentimientos aristocráticos y literarios, en un personaje de la historia universal, que tenía que ser, en el sentido hegeliano (no en el moral) lo absolutamente inhumano, para evocar, como su contradicción, la necesidad inmediata de los bueno y absolutamente humano.
Carl Schmitt, "Sobre el parlamentarismo" 1921