DOMINGO
Debe de haber pocas cosas más melancólicas en la vida que una mañana de domingo en un hotel de Limoges, en febrero, viendo caer la nieve. Enciendo el televisor para inventarme una compañía y ni una paloma en la plaza. Un hombre a lo lejos, con gorra. Las campanas de una iglesia que no sé dónde queda. Puse el letrero de no molestar del lado de fuera de la puerta y he empezado a comer los aperitivos del frigorífico, cosas pequeñitas, saladas, a medio camino entre la galleta y el cacahuete. La nieve se amontona sobre los coches aparcados.
António Lobo Antunes, en El País ("Babelia"), 30/04/2005.