Los domingos que llovía eran los días más tristes y aburridos de todos. Después de que Santi y algunos otros niños leían, y otros jugaban a las damas o al parchís y algunas niñas bordaban o escribían cartas, parecía que habían pasado muchas horas y resultaba que aún era muy temprano y que faltaban todavía más de dos horas para ir a cenar.
Luis de Castresana: "El otro árbol de Guernica", 1967.