De repente, se notó muchísimo que era domingo por la tarde y a mí se me puso algo así como un clavo grande de madera a la altura del paquete intestinal, y entonces me tomé un tranquilizante que a la media hora no me había hecho ningún efecto, y la angustia empezó a subirme por todo el tracto respiratorio y no podía concentrarme en la lectura ni estar sin hacer nada... En fin, muy mal.
Entonces pensé en prepararme el baño y tomar una lección de hidroterapia, pero los niños del piso de arriba comenzaron a rodar por el pasillo algún objeto pesado y calvo (la cabeza de su madre, tal vez), y así llegó un momento en que habría sido preciso ser muy insensible para ignorar que estábamos en la víspera del lunes.
Juan José Millás: "Simetría", en "Primavera de luto y otros cuentos", 1992.