Francamente, no recuerdo mucho más de aquellos años, salvo cierto estado de ánimo que impregnó la mayor parte de ellos, una sensación de melancolía que asocio con el programa "El maravilloso mundo de Disney" que emitían los domingos por la noche. El domingo era un día triste -temprano a la cama, colegio al día siguiente, preocupado por si había hecho mal mis deberes-, pero mientras contemplaba los fuegos artificiales contra el cielo nocturno, por encima de los castillos inundados de luz de Disneylandia, me consumía una sensación más general de horror, de estar prisionero en el monótono círculo que me llevaba de la escuela a casa y de casa a la escuela: una circunstancia que, por lo menos para mí, ofrecía sólidos argumentos empíricos para el pesimismo.
Donna Tartt: "El secreto", Plaza y Janés, 2000