LAS CERILLAS
Las cajas de cerillas con el nombre del bar le trajo muchos recuerdos de domingos muertos. Encendió la última y vio un adiós de cenizas y olvidos en un cementerio. Lo único vivo que le quedaban eran unas imágenes adosadas a su memoria. El ritual de la despedida después del café y la conversación apresurada; el frío y la humedad del invierno, o el calor del verano. Los instantes ahora desdibujados por el tiempo que nunca pudieron imaginar fueran a morir abandonados en un cenicero meses después, cuando las buenas intenciones bastaban para borrar cualquier augurio de derrota o fracaso.
Ceferino Montañés Sánchez, en la Antología "Quince líneas. Relatos hiperbreves", 1998